Miércoles, 29 Mayo 2024 14:01

"La sábana corta y la vulnerabilidad de Argentina"

Volvé a escuchar el comentario editorial de Cristina Pérez en Cristina Sin Vueltas.

Podríamos comenzar esta reflexión sobre la inesperada crisis energética que se desató en estas horas con el corte de GNC en todas las estaciones de servicio del país y también en empresas con una serie de afirmaciones contrafácticas. Esas que se usan para decir qué hubiera pasado si... tal o cual cosa hubiera sido distinta.

¿Qué hubiera pasado si el gobierno anterior hubiera terminado las obras complementarias del Gasoducto Néstor Kirchner? Probablemente no tendríamos el problema actual porque se podría haber inyectado gas desde Vaca Muerta.

No tardaron en ponerle el nombre de Néstor y luego de tirarse el gasoducto por la cabeza con denuncias por corrupción, terminaron sacándose fotos de campaña abriendo el caño pero la obra quedó incompleta.

¿Qué hubiera pasado si a principios de año el gobierno de Milei hubiera previsto este problema en vez de priorizar el ahorro fiscal sin distinción permitiendo la continuidad de la obra pública para asegurar el abastecimiento de gas? Probablemente hoy no tendríamos esta crisis y además se hubiera ahorrado los onerosos gastos de emergencia en importación de combustible.

¿Qué hubiera pasado si Petrobras, la empresa energética con control estatal brasileña no hubiera objetado sorpresivamente una cláusula a pesar de que se habría cumplido con los procedimientos que ellos requerían para la operación? Probablemente la crisis se hubiera evitado ya que Enarsa había realizado el pago el viernes pasado y el barco de Petrobras se habría acercado al Puerto en tiempo y forma ya que se encontraba en las costas, permitiendo que el Gas Licuado pudiera hacer la descarga. Como no son muy claras las explicaciones de Brasil, algunos se preguntan si metió la cola la mala relación entre los gobiernos.

Por último, qué hubiera pasado si no tuviéramos este otoño de frío invernal que tomó a todos por sorpresa. Probablemente no hubieran existido picos de consumo hogareños que llevaron a casi duplicar la demanda residencial de 45 millones de metros cúbicos por día a más de 70 millones.

De estas cuatro preguntas contrafácticas la única por la que no hay responsables es la que tiene que ver con el clima. Pero aún esa contingencia es algo que tiene maneras de preverse.

Por lo tanto, se puede culpar al gobierno anterior porque no terminó las obras del Gasoducto. Se puede culpar al gobierno actual porque no priorizó continuarlas en pos de ahorrar en algo en lo que el ahorro de ayer es más gasto mañana. Y se puede culpar a Brasil, por la mala disposición, cosa de la que se terminó dependiendo porque fallaron las otras dos.

Es tan frágil en muchos sentidos la situación del país, que no hay margen. No sólo no hay margen para errores y no sobra nada porque No hay Plata. No hay margen para que cualquier cosa que sale mal derive en una crisis. Y por esta precariedad es que a veces no se entiende que los tiempos políticos contrasten tanto con la necesidad de salir de esta trampa permanente que nos condena a la urgencia por infraestructura rezagada, regulaciones inútiles y mala gestión. Lo más tremendo es que en el caso del gas, Argentina tiene una de las reservas más ricas del mundo y sin embargo por su propia ineficiencia todavía no puede asegurar la extracción que le permitiría no sólo no depender de importaciones sino no tener escasez, además de exportar con un potencial enorme. Pero todo lleva a lo mismo. Para eso, hacen falta inversiones, seguridad para los inversores y transparencia. Que cada gran obra no termine siendo un curro para empezar.

Aunque el gobierno anunció que esta noche se normalizará el suministro, algunos advertían que poner a funcionar el sistema de nuevo podía llevar más tiempo.

En estas horas en que esta inesperada crisis nos asomó al finito margen que separa la aparente normalidad de una situación límite, también es noticia que un Juzgado de Nueva York está en condiciones de avanzar en embargos de bienes argentinos por la ruinosa nacionalización de la petrolera YPF realizada por el kirchnerismo, que terminó con una sentencia de 16 mil millones de dólares a pagar por nuestro país. Es casi un año de cosecha con todo lo que eso significa. Pensar que el entonces ministro de Economía Axel Kicillof decía que los que hacían caso al estatuto de la empresa eran unos tarados. Caro salió el chiste. La jueza Loretta Prezka condenó a la Argentina precisamente por violar el estatuto. El monto a pagar por perder el juicio es tan delirante que incluso duplica el valor actual de la empresa, de unos 8700 millones de dólares. Kicillof lo hizo. La herencia del kirchnerismo no tiene fin.